“No habrá desarrollo global si no hay desarrollo local”

La responsabilidad es de quién escribe.

En la actualidad, se está llevando a cabo una sobreexplotación de recursos naturales, como es el agua, el suelo, la flora, la fauna, los minerales, el petróleo, entre otros, por la globalización que acelera el cambio climático, sin hacer conciencia de brindar un mejor aprovechamiento y conservación de lo que nos brinda el planeta Tierra. Se estima que, en el año 2050, se enfrentará a los escases del petróleo, entre otros, esto conllevará a una escasez de recursos energéticos que son utilizados para generar energía, insumos, materiales y maquinaria para la industrialización, transformación, producción de alimentos, traslado de productos y el uso de transporte particular y colectivo. Y más, como es el caso de la producción de alimentos, con el avance de la revolución verde se implementó el uso de tractores, agroquímicos, los monocultivos con híbridos, transgénicos para mejorar los rendimientos y abastecer la demanda de alimentos por el crecimiento imparable en las ciudades, debido a las migraciones del campo a la ciudad, así como programas de apoyo que llegaron a las comunidades rurales para el campo, donde se implementó nuevas prácticas agrícolas y pecuarias, para aumentar el rendimiento y depender de insumos externos, que están orientados a una economía global, a un consumidor muy lejano, lo cual están dañando la diversidad biocultural de los territorios, como es la pérdida de valores, saberes comunitarios, el abandono de nuestras tierras de cultivo, la erosión de la biodiversidad y el consumo de productos más contaminados. Las ciudades serán las más susceptibles ante los escases de estos recursos, un ejemplo notable fue los retos actuales que enfrenta la sociedad por el impacto que ha generado la contingencia de Covid-19 en la producción agropecuaria, la industria y el turismo ya que ha recibido un duro golpe en la economía, porque son los sectores de la economía que más mano de obra emplea. A comparación de las comunidades rurales, porque son más resilientes y pueden mantenerse con los recursos que disponen, se tendrá una nueva tendencia a volver a relocalizar, rescatar los saberes comunitarios, para cubrir las necesidades básicas con procesamientos artesanales de los recursos que dispone la región, sin la necesidad de alta tecnología, ni de transportes de larga distancia, enfocadas a resolver lo más importante que es la producción de alimentos, la salud, la construcción, la ropa, las herramientas de trabajo, esto generará la autonomía y la gobernanza de la comunidad con la colaboración de organizaciones y cooperativas, son alternativas locales de fortalecimiento de soberanías alimentarias y agroecológicas.

Por tal motivo, en el marco de las políticas públicas implementadas por el actual gobierno federal, con el objetivo de restaurar el bienestar social y ambiental en el campo mexicano a través de la autonomía, la producción para el autoconsumo, la conservación de semillas nativas y criollas, la conservación de saberes comunitarios y la no dependencia del exterior, surgen programas, como parte de las iniciativas de atención al campo y al fortalecimiento de agriculturas de pequeña y mediana escala, para transitar hacia modelos agroecológicos y del buen vivir en cada territorio, a consecuencia del desmantelamiento de la mayoría de las dependencias e instituciones que tienen que ver con el campo: PRONASE (Productora Nacional de Semillas); FERTIMEX (Fertilizantes Mexicanos); CONAFRUT (Comisión Nacional de Fruticultura); ANAGSA, CONASUPO, LICONSA, DICONSA, BANRURAL, INMECAFÉ, Patronato del Maguey, Escuelas de Agricultura (sistema DGETAs), entre otras.

Por lo que debemos trabajar desde las bases, desde “abajo”, desde el “piso”, para . . . hacer de una sociedad más justa, igualitaria, menos ególatra y más contributiva. Porque el modo de vida de las comunidades rurales y originarias en el estado de Oaxaca, la forma como se vive y organiza, se denomina Comunalidad, donde las relaciones de parentesco y la práctica de la reciprocidad conforman un fuerte tejido social que además se reconstituye constantemente, pues las relaciones interfamiliares y de reciprocidad son cotidianas y se reiteran en diferentes eventos comunitarios. Uno de los hallazgos importantes es comprender la comunalidad en sus cuatro elementos fundamentales y distintivos: el poder comunal (Asamblea general de ciudadanos y el sistema de cargos), el trabajo comunal (tequios y yetsa), la fiesta comunal (religiosas, civiles, escolares) y el territorio comunal (Régimen de propiedad comunal y régimen de la pequeña propiedad), que están ligadas básicamente al servicio gratuito como ejercicio de autoridad, que es la ayuda mutua, el trabajo mancomunado, la participación directa y que se rige sobre la vida comunitaria y de la búsqueda de estrategias para proteger el territorio, son prácticas comunitarias y tradicionales para la administración local de un sistema normativo interno, también llamado de “usos y costumbres”, para una organización política local con la finalidad de mantener y potenciar la comunalidad y autonomía del territorio. Existiendo una convivencia social y política a través de la vida comunitaria y familiar: el sentido de lo colectivo es fundamental (en detrimento de lo individual), lo cual se traduce en su manera de poseer la tierra, que se procura que sean comunales y no privadas, donde la relación con la naturaleza es directa y permanente, siendo centrales los valores de la complementación y la reciprocidad entre ciudadanos. 

Por lo tanto, se deben de rescatar estos valores y los principios del bienestar para las familias: el respeto, la responsabilidad y la contribución, siendo la familia la principal institución social más segura para el bienestar y desarrollo de una comunidad; se educa y se forman a las personas con el ejemplo, porque ahora con la pérdida paulatina de valores, es muy fácil educar con el dicho “haz lo que yo digo no lo que yo hago”.  

 

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