Plan Municipal de Desarrollo y sus objetivos

La responsabilidad es de quién escribe.

Estamos tan acostumbrados a planear, que con frecuencia lo proyectado se toma a la ligera, cuando debería ser un instrumento fundamental para alcanzar, de mejor manera, los objetivos diseñados desde el ámbito personal hasta el comunitario.

Sin duda, se ha escrito mucho sobre la elaboración de planes y la importancia que esto tiene. Las siguientes líneas no pretenden desarrollar una metodología más, sino simplemente, hacer una reflexión en cuanto al desenvolvimiento de un plan con perspectiva al desarrollo municipal.

El artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, señala que el municipio es “la unidad básica de la división territorial y organización administrativa” de las entidades federativas y, por ende, del país. El gobierno municipal es el más próximo a la ciudadanía y, por consecuencia, la referencia más cercana para buscar respuestas a las demandas.

Las demandas ciudadanas son múltiples y abarcan un abanico incontable de temas que prácticamente es imposible dar respuesta positiva y solución a cada una de ellas. Las limitaciones son múltiples, como la insuficiencia de recursos financieros, limitación de tiempo que la misma ley impone, la temporalidad de los gobiernos municipales y autoridades auxiliares, entre otros. Todas estas limitantes impiden solucionar las necesidades urgentes de la ciudadanía.

Desde luego que la autoridad tiene la obligación de resolver las dificultades que se presenten en materia de infraestructura y servicios en el menor tiempo posible y que satisfagan a la mayoría de la ciudadanía. De ahí que la administración pública municipal siempre tiene frente a sí, retos importantes y desafíos enormes que trata de vencer con los, casi siempre, escasos recursos económicos disponibles.

Por lo anterior, es imperioso desarrollar un trabajo eficiente de manera que se puedan realizar más obras con menos recursos en forma ordenada y de acuerdo un plan, una guía, y un calendario, es decir, definir el qué, cómo y cuándo. Para el qué, es imprescindible la participación ciudadana para que cada una de las obras respondan a las necesidades que la misma naturaleza necesita. Después de esto se debe jerarquizar cada obra de acuerdo a la disponibilidad de recursos. Esta práctica arroja enormes resultados positivos, pues aparte de permitir socializar con los vecinos, los compromete e involucra en cada una de las decisiones, así como la aportación de recursos, vigilancia en su ejecución, cuidado para su conservación y mantenimiento de las mismas.

Para él cómo, será fundamental la participación de expertos en la materia, y como expertos, aportarán las mejores soluciones para que a largo plazo siga garantizando la eficiencia original. Además, que en cada obra se utilicen los mejores materiales, equipos y tecnología. Con frecuencia vemos cumplirse el dicho popular que “lo barato cuesta caro”. Escatimar recursos técnicos puede traer consecuencias negativas en las obras, lo cual obligará a invertir recursos nuevamente para reparar los daños.

La ciudadanía demanda calidad y eficacia en cada obra. El reto es tener la mayor disponibilidad de recursos financieros para brindar los mejores servicios y ejecutar más obras con menos capital.

Ello requiere adelgazar el aparato administrativo sin perder eficacia, lograr un gobierno austero en el gasto, para que los ahorros se destinen a inversión e incrementen los recursos ya etiquetados en las aportaciones municipales y en los diferentes fondos federales y estatales. Desde luego, es importantísimo incrementar la recaudación municipal, y para eso, la mejor fórmula es demostrar a la ciudadanía que sus impuestos permiten brindarles más y mejores obras y servicios, más acciones de beneficio social y, en general, un desarrollo integral de la comunidad.

También es importante la labor de gestión para potenciar las posibilidades de respuesta a la ciudadanía. Existen programas federales y estatales limitados para obras y acciones, algunos disponibles al cien por ciento, otros mezclando recursos de dos o los tres órdenes de gobierno, o con aportaciones de paisanos radicados en otro país. Lograr incrementar los recursos con estos mecanismos requiere de compromiso, insistencia y trabajo adicional de las autoridades, y algunas veces, dichos recursos están politizados o condicionados.

Todo ello, plasmado en un documento, debe ser la guía o “plan de desarrollo” en el que se concentren todos los esfuerzos de la autoridad y la ciudadanía con todos los recursos humanos, financieros y materiales para su consecución.

Estoy convencido que esta es la base para que todas las comunidades puedan avanzar y desarrollarse de manera integral. La optimización de recursos permite atender, con disciplina, y gradualmente, todos los rubros que la ciudadanía demanda: servicios de calidad (agua potable, tratamiento de aguas residuales, recolección de basura, mantenimiento de parques y jardines, mantenimiento de panteones, etc.), infraestructura de agua potable y saneamiento, seguridad pública, educación, cultura y deporte y sin duda, muchas más. Es, pues, tarea nada fácil ser autoridad municipal, ya que la ciudadanía no acepta excusas ni que se le eche la culpa de las deficiencias a períodos anteriores o por falta de recursos. Los ciudadanos los eligieron para dar respuestas.

El Plan Municipal de Desarrollo deberá ser elaborado, aprobado por mayoría calificada y publicado en medios oficiales o revistas especializadas en temas Municipales, dentro de los primeros seis meses, contados a partir de la fecha de instalación del Ayuntamiento y su vigencia será por el período de la administración; contendrá un diagnóstico de la situación económica, social y ambiental del Municipio y como mínimo deberá incluirse lo relativo al estado que guarda la infraestructura y los servicios básicos, las metas a alcanzar, las estrategias a seguir, los plazos de ejecución, las áreas responsables de su cumplimiento y las bases de coordinación.

Por consiguiente, el Plan Municipal de Desarrollo debe tener objetivos claros como son:

I.- Propiciar el desarrollo integral del Municipio;

II.- Atender las demandas prioritarias de la población;

III.- Utilizar de manera racional los recursos financieros;

IV.- Asegurar la participación de la población en las acciones del Gobierno;

V.- Establecer su vinculación con los Planes Estatal y Nacional de Desarrollo;

VI.- Abatir el rezago y la desigualdad social entre las comunidades, referente a la obra pública, equipamiento e infraestructura y servicios públicos básicos;

VII.- Promover la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres; y

En la medida en que se logre involucrar a la comunidad en la definición del plan de desarrollo, en el seguimiento, la vigilancia y la realización de obras y acciones, resultará más fácil y sencillo informar y dar cuenta de cada una de las acciones de gobierno.

El plan es la mejor herramienta para recorrer el camino más corto y directo para lograr los objetivos. Con él se disminuyen los riesgos de desviarse o hacer obras de ocurrencias. Es importante alinearlo al plan estatal y nacional lo más posible, de manera que resulte más sencillo conseguir recursos de los otros órdenes de gobierno y hacer más por la comunidad.

Un plan no es una camisa de fuerza, sino una herramienta y guía que permitirá eficientar la función del gobierno, el cual se puede modificar y mejorar de acuerdo a las circunstancias reales e imprevistos que se presentan día a día.

“Malum consilium quod mutari non potest” “Es un mal plan el que no se puede cambiar” proverbio latino.

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